La firmeza es a menudo el único argumento para calificar un colchón, lamenta el profesor Léger. Un buen colchón debe ser firme sin ser duro, porque “cuanto mejor se apoya, menos se mueve, pero la cama debe seguir siendo acogedora” insiste el profesor. A menudo elegimos un colchón muy firme La esperanza es que tenga una vida más larga. Una idea falsa, según Gérard Delautre. “Hace treinta años, se recomendó colocar una tabla de madera bajo el colchón. Hoy sabemos que esto es un error”. En una cama demasiado rígida, las partes elevadas (hombros, caderas, etc.) están mal irrigadas. Peor aún: ¡elegir un colchón demasiado firme podría decepcionarle! “La noción de firmeza está arraigada en la mente del consumidor como un signo de calidad. Pero algunos se arrepienten después”, dice Jean-Marc Barbier. El experto se atreve a hacer una comparación divertida pero clara: “un colchón es como un par de zapatos, tienes que sentirte bien desde el momento en que lo compras”. Por otro lado, si el colchón es demasiado blando, la espalda no está bien apoyada, lo que puede causar mucho dolor de espalda. Los cojines y almohadones también juegan un papel importante en la provisión de un buen soporte para el cuello.